domingo, 4 de enero de 2015

3

Te conocí un verano
en la terraza de un bar,
saciamos nuestra sed
y nuestras ganas de hablar.

Te amé un otoño
caminando en olivares,
pisando hojas secas
y fango de lluvias torrenciales.

Te extrañé un invierno,
te lloré en silencio,
llenando rios y después mares.

Regresaré en primavera
para correr entre cebada,
recoger la siembra
y sentirme de nuevo amada.

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