Te conocí un verano
en la terraza de un bar,
saciamos nuestra sed
y nuestras ganas de hablar.
Te amé un otoño
caminando en olivares,
pisando hojas secas
y fango de lluvias torrenciales.
Te extrañé un invierno,
te lloré en silencio,
llenando rios y después mares.
Regresaré en primavera
para correr entre cebada,
recoger la siembra
y sentirme de nuevo amada.
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